Reclamaciones por daños y perjuicios: casos reales resueltos por nuestro despacho

En el día a día del despacho nos encontramos con situaciones que, aunque a priori parecen problemas cotidianos, tienen un fuerte impacto en la vida de las personas: vehículos mal reparados, contratos abusivos, inmuebles dañados, o empresas que no cumplen con sus obligaciones. Lo que todas ellas tienen en común es que la ley protege a quienes sufren un perjuicio por incumplimiento contractual o por mala praxis profesional.

En este artículo queremos compartir contigo algunos de nuestros casos reales, donde nuestros clientes confiaron en nosotros para defender sus derechos y logramos obtener indemnizaciones completas, acuerdos extrajudiciales o sentencias condenatorias, según el caso.

El taller que empeoró el coche (y se negó a dar hoja de reclamaciones)

Nuestra clienta llevó su coche a un taller para una reparación ordinaria. Sin embargo, salió de allí con el vehículo en peor estado de lo que entró. La sorpresa fue mayor cuando un segundo taller —al que acudió buscando una revisión imparcial— redactó un informe técnico donde no solo se identificaban nuevos daños, sino que se apuntaba incluso a una posible actuación dolosa por parte del primer taller.

A la hostilidad del dueño se sumó la negativa a entregar la hoja de reclamaciones. Intentamos una solución amistosa, pero su única respuesta fue: “no tengo tiempo”. Ante esa actitud, interpusimos una demanda por responsabilidad contractual por daños y perjuicios.

El día del juicio oral, ni el taller ni su abogado se presentaron. Con las pruebas documentales y técnicas admitidas, conseguimos una sentencia condenatoria que obligó al taller a devolver todos los gastos asumidos por nuestra clienta (reparaciones en el segundo taller, recibos de Uber, intereses y costas). Incluso en un procedimiento verbal, donde no suele haber condena en costas, el juez apreció mala fe y temeridad.

El gimnasio y la suscripción escondida en la letra pequeña

Una clienta nos contactó tras recibir un cobro inesperado de parte de un gimnasio, alegando una supuesta suscripción mensual que nunca autorizó. Al revisar el contrato, comprobamos que las condiciones estaban ocultas en la llamada “letra pequeña”, lo cual incumple la normativa de consumidores.

Iniciamos contacto directo con la empresa. Lo más interesante: varias sentencias anteriores ya habían condenado al mismo gimnasio por prácticas similares, y así se lo hicimos saber. El resultado fue inmediato: anulación del cobro y cierre del conflicto sin necesidad de acudir a juicio.

El alquiler que terminó con muebles rotos y suelos levantados

Un cliente alquiló su chalé a un equipo de rugby que visitaba Madrid. Tras el arrendamiento, encontró la vivienda en condiciones lamentables: suelos dañados, goteras, muebles desaparecidos…

Nos pusimos en contacto con ellos y, tras una primera negativa, su abogado se dirigió a nosotros. A pesar de las dificultades económicas del equipo, logramos un acuerdo con plan de pagos que fue aceptado por ambas partes. Hoy, la deuda está completamente saldada.

La rueda “apañada” y el sensor roto

Otro caso curioso: nuestra clienta acudió a un taller para un simple cambio de ruedas. Tiempo después, el testigo del aire se encendía de forma reiterada. En la casa oficial detectaron que uno de los sensores había sido manipulado y mal reparado, con un apaño fuera de toda lógica profesional.

Gracias a una grabación de la conversación con el taller (realizada con asesoramiento previo), obtuvimos una confesión implícita. Aunque valoramos la vía penal, acordamos una compensación económica extrajudicial que nuestra clienta aceptó.

El teléfono móvil retenido durante más de siete meses

Un cliente llevó su teléfono a reparar a una tienda de confianza. El problema: tras una primera reparación mal hecha, lo volvió a llevar… y esta vez no se lo devolvieron durante más de medio año.

Intentamos la vía amistosa. El dueño no quiso hablar. Ante la negativa, interpusimos demanda. Durante la contestación, el abogado contrario llegó incluso a amenazarnos con denunciar por falsedad documental. Finalmente, en sede judicial, se alcanzó un acuerdo por el que el teléfono fue devuelto reparado, tal como correspondía desde el principio.

Conclusión

Estos casos son solo una muestra de cómo la responsabilidad contractual y extracontractual sigue siendo una herramienta eficaz para proteger a las personas ante el incumplimiento de terceros. En cada uno de ellos, lo esencial fue actuar con rapidez, contar con pruebas, y no conformarse con el “no” por respuesta. En Ampuero Blanco Abogados creemos que cada daño tiene reparación si se conoce el camino adecuado y se actúa con firmeza. Si estás en una situación similar, no estás solo. Podemos ayudarte.

Ampuero Blanco Abogados
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